Violencia y odio de sí

Presente casi a diario en los medios de comunicación, en los espectáculos, en las reflexiones de los políticos, de los profesionales y otros agentes sociales, la violencia es, sin lugar a dudas, uno de los síntomas más candentes de nuestra sociedad globalizada.

Bajo este término agrupamos muchos y muy variados fenómenos, sin una unidad clara, y en los que la violencia se muestra bajo múltiples caras. Así, la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) en un informe realizado en el 2002 sobre violencia y salud constataba la falta de definición que tenía este término, señalando que ella cambiaba de acuerdo a los valores de cada época.

salud-emocional-241

No podemos acercarnos a, y abordar, la violencia, sin una clara referencia al contexto social en el que se produce, es decir, sin un diagnóstico preciso de la época que nos toca vivir, o al menos con algunas hipótesis al respecto. La violencia en estos inicios de siglo pone de manifiesto la crisis actual del lazo social, su desmoronamiento favorecido, en gran medida, por las leyes del mercado y el desarrollo de las tecno-ciencias. Nuestra época asiste al auge de un “individualismo de masa”, es decir una masa de individualidades solas, aisladas, aparejados a los objetos que la tecnología promueve (móviles, tablets, …). Cada vez más aislados, como mónadas que casi ni se rozan, pero al mismo tiempo cada vez más masificados y uniformizados consumiendo todos los mismos objetos.

Lo que en este orden de cosas se produce es el rechazo de lo más particular y singular a cada uno y que vendría a introducir la diferencia, lo otro, lo radicalmente diferente en esta masificación de soledades. La violencia en la época actual lo muestra, es el signo de tal rechazo, su modo de retorno, su síntoma, tal y como lo muestran el auge actual de los nuevos modos de racismo y segregación, de los fanatismos feroces y cruentos en los que se apunta a la aniquilación y destrucción del otro, y que dejan el saldo de un plus de satisfacción en el ejercicio de la crueldad. Nos referimos, por ejemplo a las ejecuciones de modo brutal, haciendo sufrir a las víctimas, en las que se obtiene una satisfacción por quien las comete más allá del hecho de matar.

De otra parte, en nuestra habla cotidiana solemos equiparar violencia y agresividad, usándolos prácticamente como sinónimos. Si bien, también en la práctica hacemos la diferencia, y así podemos conceder e incluso apreciar que un profesional sea agresivo en su trabajo, si bien no será el caso al considerarlo como violento. Merece la pena precisar la diferencia.

Desde el punto de vista de la etimología, violencia deriva del latín “violo”, que a su vez proviene de “vis”, fuerza. La violencia, entonces, manifiesta la acción de una fuerza.

La agresividad expresa siempre una intencionalidad que se dirige contra otro, una intencionalidad que no tiene porqué traducirse en un acto, pues siempre cabe la posibilidad de una mediación simbólica (la palabra por ejemplo). La violencia, al contrario, supone irremediablemente la dimensión del acto, pero un acto que sorprende como un estallido inesperado, sin ninguna mediación. El acto violento no se caracteriza por reflejar una intención, sino que obedece a un apremio, a una presión, una sinrazón cuyas razones en todo caso se podrán elucidar una vez cometido. Así la violencia caracteriza un amplio espectro de los pasajes al acto en los que se pone de manifiesto esta dimensión de la ausencia de mediación.

El acto violento  muestra por lo tanto el fracaso de la palabra, conlleva una ruptura del vínculo social. Pone en juego, el odio y la destrucción del otro, pero lo que finalmente se descubre es que tras ellos está el odio a uno mismo, que el otro al que atacamos no hace más que hacer presente algo que nos pertenece, de lo que no queremos saber pues rompe la ilusión de nuestra identidad. Dicho de otro modo, en los fenómenos de violencia una parte imposible de subjetivar, referente al propio ser, irrumpe en la relación con el otro y a través del acto violento, el sujeto trata de alcanzar esa parte de sí mismo que le resulta insoportable. En muchas ocasiones se dirige contra lo más querido e íntimo bajo la forma del odio y del rechazo más radical: violencia de género, violencia contra los niños, bullying.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s