Bullying. Una falsa salida para los adolescentes

Comentario de presentación del libro de José Ramón Ubieto (ed.), en la Biblioteca de la Orientación Lacaniana de Bilbao el 8 de abril de 2016

Bullying_portada

En 1910 Freud participó en un debate acerca del suicidio entre los colegiales, señaló que “la escuela…tiene que conseguir algo más que no empujar a sus alumnos al suicidio; debe instalarles el goce de vivir y proporcionarles apoyo”. Por ello, y en palabras de Freud “la escuela no puede olvidar nunca que trata con individuos todavía inmaduros, a quienes no hay derecho a impedirles permanecer en ciertos estadios del desarrollo”; la escuela “no puede asumir el carácter implacable de la vida ni querer ser otra cosa que un juego o escenificación de la vida”.

De este modo Freud señalaba la importancia de considerar el tiempo de la pubertad como ese momento en el que joven se prepara para dar un salto en la vida, el de abandonar el mundo de sus objetos infantiles de satisfacción y preparase para la vida adulta. Cuando ese tiempo no se respeta, Freud nos advierte, se corre el riesgo del suicidio.

Hoy, es el bullying lo que nos convoca, la presentación de este libro del que José Ramón Ubieto aquí presente es el editor. No cabe duda de que el bullying es uno de los mayores exponentes del malestar que recorre hoy en día a la comunidad educativa.

Bastantes cosas han cambiado, sin duda, desde la época de Freud. Y este libro que hoy presentamos da cumplida cuenta de ello. Diré que se trata de una obra  muy  clara y muy didáctica, que nos muestra, entre otros aspectos, los ejes principales con los que poder situar la subjetividad contemporánea, y en consecuencia de qué se trata en los adolescentes del siglo XXI. Así pues, este escrito es una herramienta muy valiosa para leer no solo la problemática del bullying, puede servirnos también para entendernos a nosotros mismos, el mundo en el que vivimos, así como un espectro amplio de cuestiones que afectan a los jóvenes y adolescentes de hoy.

Señalaré algunos de estos ejes: el eclipse de la autoridad, la importancia creciente de la mirada y la imagen, el declive de la función del ideal y su sustitución por la preponderancia de los objetos de consumo, la soledad y el desamparo del adolescente en relación a los adultos y a la vida; hechos que expulsan al adolescente de ese tiempo necesario para comprender, que Freud mencionaba, empujándoles sin apoyo al carácter implacable de la vida. En nuestra época, desaparece pues ese tiempo de latencia, que la pubertad jalona, dejando inconclusa a la infancia, y  siendo el bullying su síntoma.

Junto a esto, los autores nos van a proponer una tesis sorprendente. El bullying es un asunto del cuerpo adolescente.  Leo en la pagina 25 “El bullying es un cuerpo a cuerpo, no es una disputatio entre ideas. Pone en primer lugar y en el centro  de la escena el cuerpo púber golpeado, humillado o acosado. Es por ello que hemos querido iniciar el libro con una reflexión sobre qué quiere decir hoy, en la hipermodernidad, tener un cuerpo, y especialmente cuando se trata de adolescentes”

El texto va a ir desgranando esta cuestión con un exquisito rigor y precisión. Les aconsejo que lo lean ustedes mismos. Por mi parte, simplemente quiero señalar algunos puntos al respecto.

En principio, tomar esta perspectiva, la del cuerpo, esclarece el bullying desde el psicoanálisis, pues trata de ubicar el real al que responde este fenómeno. Y en este sentido, el texto me parece que lo logra ampliamente.

Hay varias modulaciones respecto de esta dimensión del cuerpo, que como bien nos aclara el texto no está dado de antemano para el adolescente y ha de ser de algún modo adquirido. Tenemos la dimensión del cuerpo a partir del despertar de la pubertad que aparece  como un nuevo real desencadenado e imposible de dominar, lo que podemos ubicar como hecho estructural de la pubertad. Se trata pues del “nuevo real del cuerpo sexuado” (p. 140) que produce impasses al adolescente. El bullying será uno de sus síntomas.

Sabemos que este real se ordenaba a partir de la función de los ideales: cómo ser un hombre, una mujer con un determinado proyecto de vida. Pero, como señalaba al comienzo esta función ya no está presente. Encontramos entonces otra dimensión del cuerpo, y que define a los adolescentes en el siglo XXI, la encontramos en la pagina 93 en la que estos son definidos como “egos emocionados con sus cuerpos parlanchines”. Si antaño la adolescencia era entendida como la época de la rebeldía frente a las ideas del pasado, los adolescentes eran “yoes pensadores”, ahora nos los encontramos como  “egos emocionados con sus cuerpos parlanchines” hasta el extremo de que el propio cuerpo pude llegar a rayarles tanto como los discursos de los adultos.

Un tercera dimensión del cuerpo a señalar está en la pagina 67: “El bullying es un cuerpo a cuerpo que se desarrolla en una escena, como todas fantasmática”. Escena en la que hay “una extraña pareja”: agresor/agredido, un público: los iguales, los pares que contemplan la escena y en el transfondo el Otro adulto al que esta escena se dirige y que muchas veces ignora su existencia. Es una escena en la que sus partes (agresor, agredido, público) entran a participar con el fantasma propio (sádico, masoquista, exhibicionista, voyerista) estando ligados a su vez  por un objeto al que el libro define como la presencia en cada uno de un vacío que angustia: “El bullying puede ser leído como una respuesta a ese vacío que nos embaraza y perturba….Golpeando o humillando al otro uno puede pensar (falsa salida) que se desembaraza de eso que lo agobia y que desplaza al otro-víctima. Al tiempo, la víctima, inhibida en su acto de respuesta, puede también crear que de esta manera, al identificarse a ese lugar, se puede ahorrar el acto y evitar así el vacío” (p.68).

Así pues, el bullying tal y como el subtitulo del libro nos lo ubica supone una falsa salida para los adolescentes del siglo XXI, falsa salida en tanto que se ignora y se encuentra en el otro lo intimo y propio. Modo sintomático de defenderse frente a los impasses de su viaje hacia el mundo adulto  en el que el cuerpo “surge como el nuevo partenaire del sujeto, y eso perturba la subjetividad de cada uno de los chicos y chicas” (p.149)

Falsa salida, modo sintomático que conlleva una demanda, un llamado a ser interpretado por parte del adulto. En este punto, y para finalizar, quiero mencionar dos puntos que el libro plantea y que me parecen de sumo interés: : el primero, deconstruir la lógica del silencio que rige al bullying implementando “estrategias diversas y diferenciadas que comprometan a los alumnos, los docentes y las familias. Estrategias que combinen la atención individual, partiendo de la singularidad de cada caso, y  la dimensión colectiva cuya relación con los discursos vigentes acerca de la violencia tienen una incidencia notable” ( p.123) Estrategias entonces, amplias y diversas, que no se reducen a convocar al supuesto especialista, sino a establecer un cierto trabajo en red.

El segundo,  situar el real que determina el fenómeno del bullying va a permitir orientar su modo de abordaje, por eso se tratará de sostener una conversación con los adolescentes “en la que el cuerpo, que los perturba y les habla, se sitúe en el centro de esa conversación” (p. 113)

 

 


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