Pase y Escuela de psicoanálisis

En 1963 Lacan da su primera clase de lo que iba a ser su seminario sobre los nombres del padre, en noviembre de ese año la IPA negocia con algunos alumnos de Lacan su exclusión de la misma,  en enero de 1964 inicia el Seminario XI y en junio de ese mismo año, una vez consumada lo que el propio Lacan denomino como su excomunión, funda la Escuela freudiana de Paris. En 1967 publica su proposición acerca del analista de la Escuela.

French Psychoanalyst Jacques Lacan

El seminario XI, resulta entonces esencial en la fundación de la Escuela, en él Lacan efectúa una nueva conceptualización del inconsciente, la transferencia, la pulsión y la repetición, y que se apoya en la invención que él mismo introduce en el psicoanálisis: el objeto a, a partir del Seminario sobre La angustia. La Escuela se imbricará en estos conceptos convirtiéndose en el quinto concepto fundamental del psicoanálisis.

Esta nueva perspectiva que Lacan aborda en este seminario modifica la práctica de la interpretación y da una teoría precisa de lo que es el final de la cura analítica. En el final del análisis el sujeto hace la experiencia de la inexistencia del Otro, la experiencia de su soledad, en tanto que se produce la caída de las identificaciones, pues el significante resulta ser insuficiente para representar al sujeto. El deseo del analista separa el S1 y el objeto a, y en este punto, la Escuela toma el relevo del deseo del analista; así en su texto “Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela”, Jacques-Alain Miller señala que la Escuela se funda en una práctica de la interpretación que  no es distinta de la de la propia experiencia analítica y que reenvía a cada uno de los miembros de la comunidad a su propia soledad, a la soledad de su relación con el ideal. Se trata, por lo tanto,  de separar la relación que cada uno de los miembros de la colectividad tiene con la causa analítica en tanto que ideal de lo que constituye su goce, su plus de goce. Es ésta una tarea que se  espera de los AE, interpretar la Escuela

Las elaboraciones que Lacan produjo a lo largo del seminario XI incidieron plenamente en la formación de los analistas y en su modo de agruparse: así la formación del analista necesita de la transmisión del deseo del analista –en el marco del  análisis- allí donde no hay una sustancia del analista, allí donde la identificación no dice qué es un psicoanalista.

Lacan funda entonces su Escuela en tanto que comunidad de trabajo en torno a un no-saber: qué es un analista; trabajo indisolublemente ligado a la formación que ha de dispensarse y a su puesta a prueba. Que no se sepa qué es un analista no implica que no haya criterios para la formación del analista. No sabemos qué es el analista, pero podemos saber qué es un analizado, qué es llevar la experiencia del análisis hasta el final. Y es en torno a este punto que el pase se asienta y nombra a un Analista de la Escuela. Es decir, el pase no dirime la cuestión de qué es el analista, posibilita en su lugar fundar la serie de los analistas de la Escuela, aquellos que llegaron hasta el final.

Así mismo, el dispositivo del pase se funda como el laboratorio privilegiado que permite une elaboración continua en la Escuela acerca de lo que es el final del análisis.  Posibilita la invención del psicoanálisis, su puesta al día según las condiciones de la época.

De otra parte, es preciso tener en cuenta la antinomia siempre presente entre Escuela y comunidad analítica, entre discurso analítico y grupo analítico. El grupo analítico es un defensa frente al discurso analítico, una formación antinómica, pero es una defensa que el propio discurso analítico segrega, y es esto lo que tenemos que considerar. La cuestión entonces es cómo construir una Escuela que favorezca al discurso analítico.  Creo que, por tal motivo, Lacan sitúa a la Escuela como experiencia inaugural, entendiendo por tal una relación con la causa analítica caracterizada por un compromiso ético,  una experiencia que convoca a la responsabilidad de cada uno de los que quieren comprometerse en ella.  Es lo que Lacan efectúa en su acto de fundación, al renunciar a su soledad convocando al trabajo a los que quisieran seguirle.

En su Discurso en la Escuela Freudiana de París dice Lacan: “Pero si yo estaba solo en efecto, solo para fundar la Escuela, tal y como lo dije franca y decididamente al enunciar su acto: ‘solo como lo estaba siempre en mi relación con la causa analítica….¿acaso por eso me creí el único?”…. No hay homosemia entre el único (le seul) y solo (seul)… Mi soledad es justamente a lo que yo renunciaba al fundar la Escuela”[1] . Dos cuestiones entonces, la diferencia entre ser el único y la soledad, la primera; la renuncia a la soledad, la segunda.

En su curso Los signos del goce, J.A. Miller nos da una aproximación a lo que sería esta idea de ser el único, cuando sitúa la pasión del neurótico como la de sufrir de la falta. La falta en ser, su diferencia, es lo único con que cuenta para justificar la existencia. Es, de otra parte, una falta en ser que se sostiene en la creencia en el Otro, pues el sujeto espera encontrar en el Otro la respuesta a su falta, que el Otro le restituya el ser que le falta.

Esta creencia es lo que se conmueve al final del análisis, con el atravesamiento del fantasma el sujeto comprueba la inexistencia del Otro dejando por ello de esperar su respuesta.  Es un momento en el que el sujeto se ubica en relación al objeto a gracias a lo cual “El sujeto…se separa, deja de estar ligado a la vacilación del ser, al sentido que constituye lo esencial de la alienación”[2]

Al final del  análisis el analizante encuentra que esta solo con el Otro del significante, con el fantasma y con el goce. Soledad a la que de algún modo se renuncia en el momento del pase, pues el pasante muestra como esa experiencia de soledad la pone en juego para construir un lazo social (la Escuela, ocupar la posición del analista en la cura)

Pedir el pase supone poner a trabajar la soledad junto a otros para elaborar un saber acerca de la pregunta de qué es un analista. El AE sabe que su nombramiento no agota la pregunta. Es también lo que el acto de fundación de Lacan supuso, pues él no convocó a un Otro que le justificara en su diferencia.

Julio González

[1] Lacan, J.  “Discurso en la Escuela Freudiana de París” en Otros Escritos, Paidós Ed. Buenos Aires 2012,  p.281

[2] Lacan,  J.  El Seminario, libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós Ed. Buenos Aires 1987, p. 265


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