Presentación del libro “Construyendo mundos. Autismo, atención precoz y psicoanálisis. El caso Dídac”, de Cecilia Hoffman. Editorial Gredos, colección ELP

Doy las gracias a los organizadores de esta presentación, la Biblioteca de la Orientación Lacaniana de Murcia,  por su invitación a estar hoy aquí para presentar este libro al que calificaré de magnífico, su lectura es apasionante. Se trata del relato del tratamiento de un niño con un diagnóstico de TEA, efectuado en una institución de atención temprana. Es por tanto un niño muy joven tiene un año y siete meses, y el tratamiento, de orientación psicoanalítica tuvo una duración de dos años y medio, es decir finaliza cuando el niño cumple cuatro años y pico. Es un tratamiento, en institución, en el que junto a la terapeuta otros profesionales internos y externos se verán concernidos.

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Añadiré que leer el tratamiento de este niño tiene algo de aventura, un aventura que se va desplegando en el tiempo, gracias a la vivacidad de la transmisión que Cecilia Hoffman nos hace, y nos cuesta interrumpir su lectura sin llegar antes al final. Es admirable también el profundo respeto con el que trata al niño.

Es un libro que interesa no solo a los psicoanalistas, sino también a los padres de niños autistas y a todos los profesionales que trabajan con ellos.

“Construyendo mundos. El caso Dídac” articula la perspectiva clínica y conceptual del psicoanálisis, a lo que habría que añadir la perspectiva política.

En el campo del autismo, del TEA según la nomenclatura del actual DSM, asistimos hoy en día a lo que podemos denominar “La batalla del autismo”; es el titulo de otro libro, también fundamental, del psicoanalista Eric Laurent. ¿De qué se trata en esta batalla? Asistimos en la actualidad a una serie de intentos de interdicción del psicoanálisis, intentos de imponer un único abordaje en el tratamiento del autismo, criticando la ineficacia del psicoanálisis, que no es demostrable científicamente, achacándole además que culpa a los padres de lo que ocurre a sus hijos, que pone en ellos la causa del autismo.

Por ejemplo, en el año de 2010 el gobierno de la Generalitat estuvo a punto de promulgar una ley a propósito del autismo, a instancias de diversos grupos, en la que iba a figurar que los métodos cognitivo-conductuales eran la única referencia fundamental del tratamiento del sujeto autista. Fue la ocasión para la organización de un primer foro sobre el autismo en Barcelona, impulsado por la Escuela Lacaniana de psicoanálisis cuestionando este postulado de ser la única referencia fundamental, pues sabemos que situarse como tal no se ajusta a la realidad, y supone una visión totalitarista.

De otra parte, sabemos que las estadísticas epidemiológicas marcan un aumento exponencial del número de sujetos afectados, lo que conlleva una serie de beneficios económicos para aquellos métodos que se propugnan como referenciales.

En este panorama está también en juego el propósito de hacer pasar el tratamiento del autismo al sistema educativo, sacarlo del ámbito de la salud mental, para plantear el recurso a la educación como el único posible y efectivo.

En definitiva, lo que está en juego es la idea que tenemos acerca de lo  humano, de lo que nos constituye como tales y de la relación que mantenemos con el lenguaje. Cristina Hoffman en este libro, nos lo señala claramente. Si, dicho de un modo general, la neurociencia trata de pensar nuestra actividad en términos de actividad psíquica, en términos de funcionamiento neuronal, el psicoanálisis lo hace en términos de subjetividad. Son perspectivas radicalmente diferentes.

La primera, bajo el epígrafe del funcionamiento neuronal, trata de reintroducir una cierta unidad, una idea de totalidad, una adecuación entre el cuerpo, el mundo y el sujeto (es el ejemplo de Damasio con su libro “El error de Descartes, donde plantea la complementariedad entre emoción y pensamiento, como modo de superar el dualismo cartesiano).

Por el contrario para el psicoanálisis la función de la subjetividad va a estar marcada siempre por una falta, una falla introducida por el lenguaje, por lo simbólico en tanto que introduce lo imposible de representar. Es lo que nos señala Cecilia: “hay algo en cada uno de nosotros mismos que cada uno no puede pensar ni decir…el lenguaje…a veces es insuficiente para expresar algunas cosas. Cosas importantes, que nos tocan” Se refiere así al descubrimiento freudiano de las formaciones del inconsciente, como por ejemplo los lapsus (cuando decimos lo que no queremos decir, o más de lo que queremos, lo que nos llega a sorprender)  también el olvido de los nombres, y de las palabras en tanto que están cargadas de afecto, de deseo y de satisfacción.

Entonces, lo fundamental para el psicoanálisis es la relación que mantenemos con el lenguaje, con el que no mantenemos únicamente una relación instrumental, adaptativa, comunicacional. Esto se produce, sin duda, pero no es el único aspecto en nuestra relación con el lenguaje y la palabra.

Las palabras, más allá de lo comunicacional, repercuten en nuestro cuerpo, resuenan en él, lo golpean, pueden alegrarnos, entristecernos, consolarnos, sorprendernos, asustarnos, dejarnos indiferentes –como nos recuerda la autora-, abriendo así para el ser humano, en tanto que ser hablante, la cuestión  de cómo aparejar las palabras y el cuerpo. El caso Didac nos lo muestra en toda su radicalidad.

Al leer el libro una idea nos queda clara. Para el psicoanálisis lacaniano no hay una causa psicologicista del autismo (lo que invalida la acusación de culpar a los padres); tampoco se trata de sostener una causa biologicista, de la que no se ha obtenido hasta el momento ninguna certeza. Para el psicoanálisis lacaniano la causa se sitúa a nivel de la relación del niño, Dídac en este caso, con el lenguaje, lo insoportable que resulta para Dídac el pasar por la lengua, por las palabras, por la demanda al Otro.

Gracias al tratamiento llevado a cabo con Cecilia este niño podrá apropiarse del lenguaje, hacerlo suyo, reconocerse en lo que dice, lo que por ejemplo se constata en el momento en el que el niño dice por primera vez “yo”. Como saben, muchos niños diagnosticados de TEA no usan el yo, hablan en segunda o tercera persona, lo que da cuenta de su relación con la lengua así como de la ausencia de la construcción de un “yo”. Es algo que gracias al tratamiento psicoanalítico se puede lograr, constituyendo un punto importante en la evolución del niño.

Verán también cómo gracias al tratamiento el niño podrá construir y apropiarse del cuerpo, tenerlo, a partir del recurso a los objetos pulsionales (mirada, voz, objeto oral, anal) La actividad en torno a los orificios pulsionales que se desarrolla en los niños muy pequeños, articulada con las palabras que los adultos les dirigimos, es de especial relevancia en tanto les permite formar las nociones de yo-noyo, yo-objeto, delimitar un interior de un exterior. Esto se aprecia en la importancia y en el uso que determinados objetos cobran en el transcurso de las sesiones, por ejemplo en el dispositivo asistencial en el que trabajo, en muchos casos gran parte de las sesiones transcurren en el aseo, lugar en el que se evacuan los deshechos corporales, y otros productos entran en el cuerpo (beber agua).

Conocemos la importancia de estos objetos a partir de las dificultades en su constitución, y que frecuentemente constatamos en el autismo. Los casos en los que los niños rechazan la comida, o no controlan esfínteres y, por ejemplo, se cagan encima de ellos mismos con total indiferencia, o rechazan nuestra demanda a sentarse en la taza, o hacen sus necesidades tras las cortinas, o tras el sofá, fuera de nuestra mirada. Nos muestran que la dificultad no se reduce a un mero asunto de aprendizaje.

Hay también, en este libro, algunas consideraciones por parte de la autora respecto de la especificidad de un tratamiento psicoanalítico, que quisiera subrayar.

En primer lugar, es preciso considerar siempre la singularidad de cada caso. Como decía Freud, se trata de abordar cada caso siempre como si fuera un caso nuevo, es decir poner en reserva nuestro saber previo, conceptual y de la experiencia, lo que no quiere decir que tengamos que prescindir de él. Se trata de dar lugar a lo nuevo de cada caso, sostener una tensión entre la teoría y la práctica, para no aplastar lo particular. Por eso en la práctica psicoanalítica no recurrimos a estándares, a procedimientos terapéuticos uniformes y universales puesto que cada sujeto requiere una manera propia de dirigirnos a él.

Desde esta perspectiva, podríamos decir que hay tantos tipos de autismo como sujetos lo tienen, y si bien podemos establecer elementos comunes, consideramos que cada sujeto es único, tiene un funcionamiento propio, una manera singular de relacionarse con la lengua, manera de la que nos hacemos cargo. Esto nos conduce a considerar la diversidad en su punto más radical; hace también que no pongamos el acento en la dimensión del déficit.

Entonces, escuchar la singularidad de cada caso y estar abiertos a la sorpresa, a lo imprevisto, a lo que puede tener una dimensión de acontecimiento y que podrá ser la palanca del tratamiento.

Es importante también ver qué es lo que Cecilia recoge de Dídac desde la primera entrevista, cuales son los elementos en los que se fija y como los interpreta. Así, los signos de la angustia en el niño, y la presencia de un aleteo que nos habla de un cuerpo afectado por un exceso y de la dificultad del niño para hacerlo suyo. En la misma línea constata la constante emisión de gritos inarticulados y la evitación de la mirada en el niño, lo que le lleva a Cecilia a deducir que la voz y la mirada son ámbitos pulsionales difíciles para el niño, tienen un carácter invasivo. Esta deducción, sirve para que la terapeuta ocupe una determinada posición en la cura, la regule de un modo determinado, y encuentre la manera de dirigirse al niño. “Evitamos cualquier gesto, acento, modulación que connote demanda o invasión, tanto con el cuerpo, la presencia, o las palabras; aceptamos las condiciones que nos pone en relación a nuestra presencia y proximidad. Hablamos de él y con él, sin dirigirnos a él, un hablar que evita la demanda, un hablar que es respetuoso con la subjetividad y que deduce de su modo de comportarse un posible deseo” (p.43-4)


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