Más allá del sueño. Julio González

Quiero centrar mi contribución a esta Jornada en el sueño de la inyección de Irma, soñado por Freud en la noche del 23 al 24 del julio de 1895, sueño fundante del psicoanálisis y en el que, tras su interpretación, se le revela a Freud el secreto de los sueños y la verdad del inconsciente: el sueño es el cumplimento disfrazado de un deseo reprmido. Voy a leerlo orientado por la enseñanza de Lacan. Finalmente, mencionaré una critica de Lacan a Freud respecto del sueño.

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De este sueño voy a recordar sus dos momentos álgidos. El primero, cuando al revisar la garganta de Irma ve Freud en el fondo de la misma una gran mancha blanca, así como extrañas formaciones rugosas y escaras blanco grisáceas. Lacan señala en el Seminario 2 que esta imagen revela al soñador “la verdadera cabeza de Medusa”1 que anuda el enigma de la sexualidad femenina y el de la muerte.

En una nota a pie de página, escrita por Freud en el relato de este sueño, pone en relación esta imagen del fondo de la garganta de Irma con el ombligo del sueño, es decir el lugar en el que el sueño es insondable y conecta con lo no conocido, un lugar en el que la interpretación se detiene y en el que el deseo del sueño se asienta como un hongo en su micelio.

Conjunción entre ombligo del sueño y objeto de la angustia por excelencia que indica la presencia de un real. La imagen de la garganta de Irma revela, al decir de Lacan, “lo real en lo que tiene de menos penetrable, …lo real sin ninguna mediación posible, …lo real ultimo…ante lo cual todas las palabras se detienen y todas las categorías fracasan”2.

Quiero subrayar esta introducción, que Lacan hace, de la categoria de lo real en el análisis de este sueño pues ilumina la afirmación freudiana de que desde el ombligo del sueño el deseo del sueño se eleva “como el hongo de su micelio”3. Todo sueño a través de su ombligo conecta con lo real, y en este lugar el inconsciente muestra su falla, su agujero, la marca que deja la ausencia de representación del órgano feménino y de la muerte. Aqui el deseo del sueño toma su asiento. El ombligo del sueño es la marca de dicha falla en el inconsciente a partir de la cual el deseo infanti se constituye como fuerza pulsionante para la formación del sueño.

Freud animado por su deseo de saber, y desentrañar el misterio del sueño, se acerca así al punto de horror en el que la visión de la carne informe y sufriente le revela la verdad de su deseo. Sería este el momento de despertar, el momento en el que la angustia despertaría al soñante, pues llegando a este punto el sueño deja de ser el garante del dormir, rompe su compromiso con el deseo de dormir. Despertar en este punto pone fin al horror y hace que el sujeto si se despierta es para poder seguir durmiendo en la realidad de la vigilia, lo que permite asegurar el placer por la vía de otros medios.

Bien al contrario, Freud animado por su deseo de saber no retrocede, continúa más allá del punto de angustia, más allá del sueño y del principio del placer. El sueño le acerca a lo real, y como señala Carolina Koretzky el hecho de ir franquear la angustia produce una transformación que afecta al deseo. Es lo que se produce en el segunto momento del sueño.

Segundo momento. En primer lugar la aparición del “trío de clowns”4 -del Dr. M, el amigo Otto, y el amigo Leopold- que Lacan califica de descomposición imaginaria del yo. Tras ello Freud ve ante él escrita con caracteres gruesos la fórmula de la trimetilamina, finalizando así el sueño.

Este punto indica la emergencia del inconsciente en tanto que está más allá de todo sujeto, fuera de todo sujeto, el inconsciente “una voz que ya no es sino la voz de nadie”5 pues no sabemos de dónde esa formula proviene. El sueño se detiene, no se puede ir más allá. Si en el primer momento del sueño, la imagen del horror se mostraba en el lugar del ombligo del sueño, (IR) ahora en este segundo tiempo será el hermetismo de la fórmula quien encuentre su asiento (SR).

Lacan en el Seminario 2 señala que esta fórmula “no da ninguna respuesta a nada. Pero la manera misma en que se enuncia, su carácter enigmático, hermético, sí es la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sueño. Se la puede calcar sobre la fórmula islámica – no hay otro Dios que Dios”6 Bernard Seynhaeve en su texto para el próximo congreso de la AMP, “La inyección hecha a Irma…”añade que esta fórmula podría traducirse hoy como “no hay garantía, no hay Otro del Otro”.

Freud se encuentra asi con la palabra como solución al enigma del sueño. Una palabra materializada, que no quiere decir nada. Bernard Seynhaeve en su texto mencionado señala que en la aparición de esta formula nos encontramos con la producción de la letra fuera de sentido, la letra como borde de lo real, el último bastión antes de lo real.

La busqueda y el encuentro de esta palabra dará el sentido del deseo del sueño, así como de la transformación que se produce en el deseo de saber en Freud. El sueño produce un nuevo sentido que transforma las preocupaciones de la vigilia, el deseo preconsciente de ser exculpado por el tratamiento realizado a Irma. En su lugar lo que el sueño muestra es el deseo de ser exculpado por haber encontrado la formula de la palabra y el inconsciente: “soy aquel que no quiere ser culpable de ello, porque siempre es ser culpable de transgredir un límite hasta entonces impuesto a la actividad humana”7

De otra parte, en su XV Conferencia señala Freud que “El sueño no quiere decir nada a nadie; no es un vehículo de la comunicación; al contrario, se empeña en permanecer incomprendido”8. El inconsciente trabaja para el placer, busca la satisfacción bajo el modo alucinatorio. El sueño es cifrado de goce, es en sí mismo goce autoerótico. Sin embargo, en este punto Freud va más allá de esto, pues al interpretar este sueño se hace oír por nosotros, hace pasar a la audicencia la comprensión del sueño. La interpretación de los sueños será pieza clave en la transmisión del psicoanálisis que Freud realizara y que se caracteriza por ser escrita, por la abundancia de sus escritos (23 volumenes en Amorrortu).

Lacan en su lectura de Freud pondrá el acento en el deseo de dormir que anida en los sueños freudianos. El cumplimiento de deseo que todo sueño realiza no puede separarse del deseo de dormir. Es el sueño de velar lo real con el sentido. Señalará incluso al complejo de Edipo como un sueño de Freud del que el analista debe apartarse y despertar: “es un sueño de Freud, …el analista debería, en mi opinión, apartarse un poquito del plano del sueño”9. Lacan pudo apartarse del sueño del Edipo e ir más allá del padre para posteriormente señalar la antinomia entre sentido y real

Este deseo de Lacan se moduló de diferentes modos a lo largo de su enseñanza, y en particular al final de la misma cuando al señalar que el despertar es imposible, que no nos despertamos nunca. Su deseo de despertar señala ahí una contradicción interna en el propio psicoanálisis, entre perspectiva y práctica.

Si bien en la perspectiva no nos despertamos nunca, pues el incosnciente trabaja para no despertarnos jamás, en la práctica se trata de “inspirar a un analizante…algo de impaciencia, inspirarle el duro deseo de despertar”10 Inspirar un deseo de despertar que haga la contra a este trabajo del inconsciente. Entonces, orientar nuestra práctica de la interpretación con el deseo de despertar

1Lacan, J. Seminario 2 p.249

2idem

3Freud, S. La interpretación de los sueños, vol 5. Amorrortu, p. 519

4Ibid. p. 237

5Ibid. 258

6Ibid. p. 240

7Ibid. p. 259

8Incertezas y críticas, Obras Completas vol XV. Amorrortu p.212.

9Lacan, J. Seminario 17, p. 136

10Miller, Despertar. Matemas I, p.120

 

 


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