Generación App. Por Julio González

Generación App

Julio González

En El malestar en la cultura Freud consideró a los objetos producidos por la tecno-ciencia como prótesis que perfeccionaban los órganos sensoriales y motrices del hombre, ampliando sus límites de acción. Con ellos el hombre se acercaba al ideal de ser como un dios, si bien con una consiguiente carga decepción. Dice así: “El hombre se ha convertido en una suerte de dios-prótesis, por así decir, verdaderamente grandioso cuando se coloca todos sus órganos auxiliares; pero estos no se ha integrado con él, y en ocasiones le dan todavía mucho trabajo. Es cierto que tiene derecho a consolarse pensando que ese desarrollo no ha concluido en el año 1930 d.C. Épocas futuras traerán consigo nuevos progresos, acaso de magnitud inimaginable, en este ámbito de la cultura, y no harán sino aumentar la semejanza con un dios. Ahora bien, en interés de nuestra indagación no debemos olvidar que el ser humano en nuestros días no se siente feliz en su semejanza con un dios” (1).

Han pasado varios años desde estas líneas y el desarrollo de la tecno-ciencia ha logrado realizar varios de esos progresos “de magnitud inimaginables” en la época de Freud, como por ejemplo las nuevas tecnologías digitales (en particular, quiero mencionar la tecnología touch en tablets y smartphones,  junto con el desarrollo de las Apps y las redes sociales). Y como predijo Freud todas estas nuevas tecnologías siguen sin otorgarnos la felicidad. Junto a sus logros estos nuevos apéndices se ponen también al servicio de un factor letal, así por ejemplo el uso de las redes sociales como medio de difusión y exacerbación del enfrentamiento y la polarización social, tal y como lo muestra el reciente documental El dilema de las redes sociales; el uso de las mismas para propaganda y reclutamiento como en el caso del autodenominado Califato Islámico; o, en otro orden de cosas, el aumento de las situaciones de depresión, aburrimiento, ansiedad, aislamiento, como indicadores de la dificultad para integrar estos nuevos apéndices en el cuerpo. El programa del principio del placer sigue siendo igual de irrealizable que en la época de Freud, y la lucha entre Eros y Tánatos sigue presente en la experiencia humana.

De otra parte, nuestra época muestra una diferencia con la de Freud en lo que se refiere al uso de estos objetos. Si en la primera mitad del siglo XX funcionaban como prótesis para amplificar el alcance de nuestros órganos sensoriales y nuestra acción, en la actualidad vemos que van más allá de lo ortopédico constituyéndose en prolongaciones del propio cuerpo, produciendo una hibridación entre cuerpos y códigos digitales que determina un nuevo modo de existencia, Así Éric Sadin en su libro La humanidad aumentada señala cómo estos nuevos ingenios electrónicos funcionan como “una capa artificial, sensible e imperceptible adherida a los hechos y virtualmente al menor ritmo de nuestros organismos” (2). Una capa que, a través de estos objetos, “se adhiere ahora al cuerpo o hace cuerpo con nuestra percepción de las cosas” (3) y que nos constituye “en ciborgs ya no aumentados con órganos artificiales, sino recubiertos de datos individualmente ajustados a cada una de nuestras situaciones, dentro de un entorno cada vez más ‘al descubierto’ o transparente” (4). Lo que subyace es la matematización de la vida, una digitalización de nuestra existencia que se vería determinada por algoritmos que dictarían nuestros gustos, nuestros goces, nuestras opiniones, nuestras acciones, convirtiéndonos en cada vez más transparentes al borrar de la experiencia la dimensión del deseo y sus incertidumbres.

Desde otro ángulo,  Alessandro Baricco en The Game señala cómo estos nuevos dispositivos no son prótesis del cuerpo sino “productos orgánicos, casi ‘bio’, prolongaciones ’naturales’ del cuerpo y de la mente”. (4). A diferencia de las prótesis estos nuevos dispositivos prolongan el cuerpo funcionando como un órgano suplementario. Son dispositivos que entronizan el uso de la imagen como modo de atrapar el atrapar el goce.

Lo  ilustra el desarrollo de la llamada tecnología touch –el hecho de rozar y recorrer directamente con los dedos sobre las pantallas- a partir de la presentación del nuevo iPhone por Steve Jobs el 9 de enero de 2007. Cómo señala Baricco: “Parecía una paz firmada entre el hombre y las máquinas, como el definitivo paso a natural de lo que era artificial. Algo se había desarticulado y una mansedumbre diferente parecía inclinar las máquinas a convertirse en una extensión de la mente y del cuerpo de las personas” (5) Era algo, sin duda, divertido, como un juego, y de ahí su éxito.

¡A jugar!

Según Alessandro Baricco el juego se ha convertido en el esquema fundacional de nuestra civilización,  las dinámicas del juego se aplican a entornos que van más allá de lo meramente lúdico, así por ejemplo, la política, la educación, las empresas, el periodismo, y si bien él  no lo menciona podríamos preguntarnos si el psicoanálisis no acabara también siendo engullido en esta serie. El éxito de las Apps muestra esta extensión, tal y como el autor señala en 2017 se descargaron 197.000 millones de Apps.

En su obra citada, este autor enumera lo que serían las características que posibilitan tal éxito, de las que quiero destacar: la inmediatez y la rapidez, el poco tiempo de espera entre cualquier problema-solución, y el disfrute inmediato sin preámbulos. Merece también atención la pretensión de alcanzar el todo que este modelo cultiva. El todo como la única unidad de medida razonable. Spotify y su objetivo de poner al alcance de sus usuarios toda la música existente, sería una muestra de ello. Tener acceso al todo en beneficio del mercado, sin duda.

De esta ambición por el todo se desprende una importante consecuencia, la desaparición de la indecisión, del vacío, desaparece “la percepción de un infinito que no eres capaz de habitar” (7), dando lugar a una “falta de resonancia, de ausencia de vibración… sin la reverberación de cierto infinito, cualquier realidad suena un tanto sorda” (8). El imperio del game construye  así un Otro artificial caracterizado por su incompletud en el que el vacío existente en la significación quedará anulado, no habrá la dimensión del  equívoco, ni de lo que puede ser dicho entre líneas; se anula la posibilidad para el sujeto de experimentar “Otra cosa para motivarlo” (9) que los efectos de sentido. Y justamente en tanto que incompleto, un Otro abocado a un ciframiento sin descanso, Como señala Fabián Fajnwaks “El cifrado en cuestión es una codificación sin equívoco y sobre todo sin descanso, en la medida que constituye la traducción matemática de significantes en datos que se significan por si mismos: Cada dato se corresponde de manera inequívoca a una información. En el horizonte que se imagina cada vez más próximo pero inalcanzable por estructura, lo que se diseña, es el proyecto de la ciencia moderna: Que lo simbólico termine por tapar lo real. Que la relación sexual pueda escribirse y nosotros deshacernos de lo real, como lo denunciaba ya Lacan en La tercera en la medida en que sería completamente absorbido por los datos numéricos” (10)

Y podemos ver algunos de los efectos sobre la subjetividad que esta ambición por el todo conlleva. El aburrimiento, el cansancio, sin duda. La necesidad de estar siempre conectado, también. La evitación del contacto “cuerpo a cuerpo”, como por ejemplo se ha visto tras el confinamiento con una variedad de púberes y adolescentes que manifiestan su preferencia a estar en casa conectados vía internet con los amigos antes que encontrarse con sus amistades, como algunos de ellos expresan: “me gustaba estar en casa confinado jugando con los amigos por internet, podría hacer lo que quería”.

Sin embargo, por el momento parece que no logramos duplicar digitalmente la existencia,  no nos deshacemos de lo real y el goce no deja de agujerear el programa del game. Como señala Lacan en La Tercera, estos nuevos dispositivos no logran animarnos completamente, no dejan de ser un síntoma. Lo que tiene importantes consecuencias  para nuestra práctica, en la medida en que se trata de esclarecer el uso que cada sujeto hace de tales artefactos, muchas veces como tratamiento de un malestar, como aparejo del lenguaje y el goce del cuerpo, como logro de una identidad que permite un lazo social, etc.

Instrumentos de goce

Lacan en el Seminario XVII establece una relación entre el significante y el goce, en ella la cadena significante vehiculiza el goce. Esta relación primaria introduce  una anulación, una pérdida significante de goce, y a su vez un suplemento, el objeto plus de goce, gracias a su vinculación con la repetición. Pero la promesa de la repetición siempre decepciona, la perdida original no se colma nunca, por lo que no deja de ser relanzada una y otra vez.

Con esta perspectiva Lacan nos indica cómo el goce puede ser tratado por el discurso, en la medida en que produce un goce que entra en la contabilidad, que se puede regular socialmente. Nos permite, a su vez, diferenciar dos vertientes del objeto a, ya sea como objeto de la pulsión, ya sea como objeto plus de goce. En la primera, tenemos la consideración de la lista de los objetos pulsionales que Lacan formalizo, el objeto oral, el objeto anal, la voz, la mirada, y el objeto nada. En la segunda, se trata del objeto plus de goce en tanto que fabricado por la cultura, los objetos, los gadgets producidos y gobernados por la ciencia que sustentan la ilusión de colmar la falta constitutiva del sujeto, decepcionándolo pues nunca se puede colmar, el vacío se mantiene.

Son objetos producidos por la cultura, que van más allá de los objetos pulsionales y  que velan el goce singular del síntoma. De ellos no se puede hacer su lista, pues se engendran en un empeño incesante e interminable de “figurar lo innumerable” (11). El gesto repetido de nuestro dedo sobre las pantallas se inscribe en la lógica de este goce que si bien es paradójico, no por ello es menos real.

Tales objetos-gadgets nos sirven “para distraer el hambre en lugar de lo que nos falta en la relación” (12), nos distraen de la no existencia de la relación sexual permitiéndonos obtener el goce que no es el que debería ser (13)

A partir del Seminario XX Lacan pondrá el acento de su elaboración en la dimensión del cuerpo como lugar del goce, en el goce del cuerpo y de los medios que sirven para ello, lo que va permitir abrir otra perspectiva diferente a la del objeto-gadget, en la consideración del uso de la actual tecnología touch

Así por ejemplo, José Ramón Ubieto en el libro Del PADRE al iPAD señala lo siguiente: “El cuerpo, en tanto imagen y sede de la satisfacción, se nos presenta como enigma y, por eso, tratamos de atraparlo por todos los medios posibles (…) En este sentido, podemos pensar internet más allá de una galería infinita de imágenes y vídeos y considerarlo, en tanto medio con el que interactuamos, como una nueva superficie pulsional que nos proporciona una experiencia de ese cuerpo-Otro que tratamos de incorporar y apropiarnos” (14)

Éric Laurent en El reverso de la biopolítica señala que para el parlêtre el goce está siempre en exceso respecto del cuerpo. En la relación del sujeto con el lenguaje y con el goce hay una insuficiencia radical,  que hace que el cuerpo siempre se nos escape.  Estos nuevos objetos digitales vienen, entonces, a funcionar como órganos supletorios, como el órgano que haría falta para atrapar y alojar el goce en exceso, si bien nunca llegan a suturar el vacío.

Hay en estos instrumentos la promesa de restituir al cuerpo algo que falta, en un empeño por figurar lo innumerable. Lo que pone de relieve la importancia que la imagen cobra en el uso de estos dispositivos, la multiplicación de imágenes compartidas con otros y que pululan por la red; las selfies colgadas en Facebook, Instagram, Whatsapp; proliferación que nos permite soñar con la consistencia de un cuerpo que no deja de escaparse..  El ser hablante se viste con su imagen para asegurarse de que tiene un cuerpo, “adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia –consistencia mental, por supuesto, porque su cuerpo a cada rato levanta campamento” (15)

El analista, ¿una nueva App?

El confinamiento en el mes de marzo, a raíz de la pandemia provocada por el Covid-19, ha hecho que nos planteemos una serie de interrogantes acerca de la práctica de las sesiones vía on-line. Las circunstancias obligaban a ello como medio de sostener en diversos casos el trabajo analítico.

Esta cuestión me ha planteado algunas preguntas relativas a la presencia del analista. Más allá del momento del confinamiento, ¿es posible que los algoritmos lleguen a sustituir al analista, crear una App que nos permita tener el saber sobre el inconsciente en el bolsillo? ¿Puede llevarse un análisis solamente a nivel telemático, sin requerir la presencia de los cuerpos?

Daré un breve apunte. Si abordamos estas preguntas desde el eje de la relación del analista y el saber inconsciente, tal y como Jacques-Alain Miller propone en Los usos del lapso, vemos que no se trata de la consideración del analista como aquel que conoce dicho saber y lo lee en el paciente, sino de su presencia en tanto que modo de encarnar la parte no simbolizada del goce. “Hay una parte simbolizada, pero necesariamente hay otra que no lo está y de la que se puede decir que el testimonio es la presencia del analista en carne y hueso… podemos decir que la prueba del objeto a la constituye la necesaria presencia del analista, en carne y hueso, en la medida en que hay una parte no simbolizada del goce” (16).

No se trata entonces del analista como aquel que detenta un saber sobre el inconsciente, como si fuera un extenso diccionario que permitiera al paciente su traducción, sino de la producción de este saber en el marco del discurso analítico, y para ello la presencia del analista “en carne y hueso”, como señala Jacques-Alain Miller, es requisito indispensable

Presencia “en carne y hueso” que está en juego ya desde las entrevistas preliminares. “Cuando alguien viene a verme a mi consultorio por primera vez, y yo escando nuestra entrada en el asunto en algunas entrevistas preliminares, lo importante es la confrontación de cuerpos. Justamente por partir de ese encuentro de los cuerpos, estos quedarán fuera de juego una vez que entremos en el discurso analítico” (17) Las entrevistas preliminares requieren también de la presencia y confrontación de los cuerpos

Que queden fuera de juego no supone anular su presencia “en carne y hueso”, sino el hecho de despejar lo imaginario, “la primera aprehensión del cuerpo” (18), para dar lugar a una presencia de los cuerpos que posibilite el acto analítico. La presencia de los cuerpos es necesaria para que el acto analítico pueda tocar el goce en el cuerpo del analizante

*tetxo publicado en Letras Lacanianas nº 20

(1) Freud, S., “El malestar en la cultura”, en Obras Completas, T. XXI. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1979, p. 90

(2) Sarin, E., La humanidad aumentada. La administración digital del mundo. Caja Negra Editora, Buenos Aires 2018, p. 82.

(3) Ibid,  p.85.

(4) Ibid.

(5) Baricco, A., The Game. Editorial Anagrama, Barcelona 2019, p. 212

(6) Ibid.,pp. 136-7

(7) Ibid. P. 237

(8) Ibid. 239

(9) Lacan, J., “Posición del inconsciente”, en Escritos 2. México, Siglo XXI editores, 1991, p. 822.

(10) Fajnwaks, F.,  “No habrá algoritmo que pueda programar al analista”, Enlaces On Line N°24 –Septiembre 2018, disponible en: file:///C:/Users/Usuario%20principal/Dropbox/EL%20PSICONALISIIS,%20REVISTA/EL%20PSICOANALISIS/CORONAVIRUS/Fabian%20Fajnwaks,%20No%20habra%20algoritmo%20que%20pueda%20programar%20al%20analista.pdf

(11) Laurent, E., El reverso de la biopolítica. Grama ediciones, Buenos Aires 2016, p. 48

!12) Lacan, J., “La Tercera”, Intervenciones y textos 2. Ediciones Manantial, Buenos Aires 1988, p. 107

(13) Ref. Miller, JM.; “Una fantasía”, disponible en: http://2012.congresoamp.com/es/template.php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en-Comandatuba.html

(14) Ubieto, J. R. (editor), Del Padre al iPAD. Ned ediciones, Barcelona 2019,  p.96

(15) Lacan , J., El Seminario, libro 23, El Sinthome. Ediciones Paidós, Buenos Aires 2006, p. 64

(16) Miller, JM., Los usos del lapso. Ediciones Paidós, Buenos Aires 2004, p. 22

(17) Lacan, J., El Seminario, libro 19, … o peor. Ediciones Paidós, Buenos Aires 2012, p. 224

(18) Ibid. P. 230


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